domingo, 3 de julio de 2016


VIVIR SIN GLUTEN.


El uno por ciento de la población mundial, de todas las edades, es celíaca, es decir, reacciona a la proteína de las semillas de trigo, cebada, centeno, espelta e, incluso, avena. La ingesta provoca una reacción inmune e inflamatoria que afecta al intestino delgado y provoca que no se absorban bien los nutrientes. La enfermedad celíaca tiene síntomas muy variados. A las habituales diarreas, vómitos, cambios de peso o apetito, dolor abdominal... se une también alteraciones del carácter y hasta del ciclo menstrual. Esa variedad de síntomas complica el diagnóstico, de manera que 1 de cada 4 afectados no sabe que lo es, no está diagnosticado.  Si se observa que un niño pierde peso, no crece,  no tiene apetito y su abdomen está hinchado. Hay que consultar al médico: puede ser celíaco.

El único tratamiento posible, una dieta libre de gluten  Cada vez hay más productos para celiacos, pero son muy caros. La cesta de la compra de una persona con enfermedad celíaca puede ser 1.500 euros más cara que la de otra que no lo es. Y considerando que es una enfermedad con componente genético, más de un miembro de la familia también tendrá que comer sin gluten, con el consiguiente encarecimiento del presupuesto. Por cierto, esta es una pista, el antecedente familiar, para alertar al médico de que una persona pueda ser también celíaca. El precio de los productos sin gluten, lleva a las asociaciones de pacientes a reclamar ayudas, para poder adquirir productos de primera necesidad.

Investigadores españoles del Centro de Investigación biomédico en red-fisiopatología de la obesidad y la nutrición (CIBEROBN), de la Universidad Rovira y Virgili y del Instituto de investigación sanitaria Pere Vigili, han comprobado que la dieta de los celíacos es más rica en grasa, azúcares y proteínas, que la de los que no lo son. Y es deficitaria en micronutrientes como ácido fólico, magnesio, hierro y calcio. Por eso recomiendan la educación nutricional, muy importante, sobre todo en los niños. Los investigadores sugieren que el alto precio de los productos sin gluten y a veces ser poco apetitosos, hacen que los celíacos consuman otros alimentos.